El comodato es una de las figuras más utilizadas en las relaciones comerciales B2B para colocar bienes en el mercado sin transferir su propiedad. Empresas de sectores tan diversos como medios de pago, consumo masivo, agroindustria e industria recurren a este mecanismo para entregar bienes a sus clientes con fines comerciales, conservando la titularidad y evitando los efectos económicos y tributarios propios de una compraventa.
En la práctica, el comodato sirve para fidelizar clientes, fortalecer la presencia de marca, promover determinados productos o asegurar volúmenes mínimos de compra. La gratuidad del uso es lo que lo distingue de la locación; la ausencia de transferencia de propiedad, lo que lo separa del mutuo.
Sin embargo, pese a su amplia utilización, es habitual que estas operaciones se documenten con contratos genéricos que no contemplan los riesgos de una relación comercial de largo plazo. El resultado suele ser conflictos por deterioro de bienes, demoras en la restitución, uso indebido o dificultades para exigir responsabilidades al comodatario.
El comodato como instrumento de política comercial
En el ámbito empresarial, el comodato casi nunca responde a una finalidad puramente altruista. Aunque el uso del bien se concede sin contraprestación, el comodante persigue un beneficio económico indirecto que justifica la operación.
Los sectores donde aparece con mayor frecuencia son:
- Fintech y medios de pago: terminales POS entregadas por procesadoras a comercios adheridos.
- Consumo masivo y bebidas: refrigeradoras, exhibidoras y dispensadores cedidos a puntos de venta con obligaciones de exclusividad o exhibición de marca.
- Agroindustria: maquinaria facilitada a productores o contratistas durante una zafra.
- Industria y construcción: herramientas, moldes y equipos especializados entregados a clientes estratégicos.
En todos estos casos la lógica es la misma: el propietario cede gratuitamente el uso del bien esperando fidelización, exclusividad, posicionamiento de marca o volúmenes de compra garantizados.
Por eso, el contrato no debería limitarse a regular la entrega y devolución del bien. Cuando el comodato es el soporte de una relación comercial más amplia, conviene vincular su vigencia al cumplimiento de obligaciones concretas (compra mínima, relación comercial activa, exclusividad) de modo que su incumplimiento habilite la restitución anticipada.
Los principales riesgos para el comodante
Los conflictos más frecuentes que enfrenta el comodante son:
- Deterioro por uso indebido o negligente;
- Utilización para fines distintos a los pactados;
- Retención injustificada al vencimiento;
- Cesión o subcomodato no autorizado;
- Pérdida, robo o destrucción sin cobertura de seguro;
En la práctica, buena parte de estos problemas no deriva de vacíos legales sino de contratos que omiten regular situaciones perfectamente previsibles.
Cláusulas esenciales en un contrato de comodato comercial
La utilidad del comodato depende, en gran medida, de cómo está redactado. Las siguientes cláusulas son indispensables en cualquier contrato con fines comerciales:
- Identificación del bien: Marca, modelo, número de serie y estado de conservación, con registro fotográfico como anexo.
- Acta de entrega: Al ser un contrato real, documentar la entrega efectiva tiene especial peso probatorio.
- Destino y restricciones de uso: Uso autorizado definido con precisión, con prohibición expresa de ceder, subcomodar o transferir el bien sin autorización escrita del comodante.
- Seguro obligatorio: El comodatario debe contratar y mantener un seguro contra pérdida, robo y daños, designando al comodante como beneficiario. En caso de incumplimiento, el comodante puede contratar el seguro por cuenta del comodatario.
- Condiciones resolutorias: Causales de restitución inmediata ante incumplimiento de volúmenes mínimos, exclusividad o permanencia comercial.
- Procedimiento de restitución: Plazos, lugar de entrega, estado de conservación exigido, gastos de transporte y consecuencias del incumplimiento.
- Garantías complementarias. El comodato no es título ejecutivo por sí solo. En operaciones de mayor valor conviene complementarlo con pagarés, reconocimientos de deuda, fianzas o garantías reales.
Lejos de ser un contrato accesorio, el comodato es una herramienta que, bien estructurada, permite colocar bienes en el mercado, fortalecer vínculos comerciales y proteger activos sin transferir propiedad. El Código Civil paraguayo ofrece un marco adecuado, pero su eficacia depende de un contrato que refleje la finalidad económica real de la operación. Un comodato bien diseñado no solo reduce contingencias jurídicas: acompaña y fortalece la estrategia comercial de la empresa.
Larissa Lacout
Abogada en Altra Legal