Compliance digital en las empresas: más allá de la protección de datos personales

La tecnología forma parte de prácticamente todos los procesos de una empresa. Los equipos utilizan servicios en la nube, plataformas de gestión, aplicaciones de mensajería, herramientas de inteligencia artificial y distintos sistemas para almacenar y compartir información. 

Esta transformación facilita y agiliza el trabajo, pero también genera riesgos que no siempre son identificados como cuestiones de compliance. La adopción de nuevas herramientas tecnológicas puede incidir directamente en el cumplimiento de obligaciones legales y contractuales, en la protección de información confidencial y activos de propiedad intelectual, y en la responsabilidad de la empresa frente a clientes y proveedores, entre otros aspectos. 

Por eso, hablar de compliance digital en las empresas supone mirar más allá de la ciberseguridad y de la protección de datos personales. Implica incorporar, desde el inicio, una mirada jurídica estratégica sobre la forma en que la tecnología es seleccionada, contratada y utilizada dentro de la organización, antes de que una decisión operativa se convierta en un problema legal. 

Riesgos que surgen de la actividad cotidiana 

Contrario a la percepción extendida, muchos de los riesgos digitales no provienen de ataques externos o de incidentes informáticos complejos. Se originan en prácticas cotidianas de la propia organización: decisiones operativas que, al no pasar por una revisión jurídica, se toman sin dimensionar sus consecuencias. 

El problema no radica necesariamente en la herramienta utilizada, sino en las consecuencias jurídicas que puede producir su uso sin los controles adecuados. El envío de documentación corporativa desde cuentas personales, por ejemplo, puede comprometer información sujeta a obligaciones de confidencialidad. Del mismo modo, incorporar documentos, contratos, estrategias comerciales o información de clientes a herramientas de inteligencia artificial puede implicar que información protegida sea procesada por terceros bajo condiciones que la empresa no conoce o no ha evaluado previamente. 

Algo similar ocurre con la contratación de plataformas y servicios digitales. Aceptar términos y condiciones sin una revisión previa puede suponer asumir reglas sobre propiedad intelectual, limitaciones de responsabilidad, tratamiento y almacenamiento de información, legislación aplicable o jurisdicción que no necesariamente resulten convenientes para la empresa. Una decisión que inicialmente parece operativa puede generar obligaciones jurídicas relevantes. 

El riesgo también aparece en la gestión interna de accesos y credenciales. La ausencia de controles sobre quién puede acceder, modificar, descargar o compartir determinada información dificulta no solo su protección, sino también la posibilidad de determinar responsabilidades ante un uso indebido o un incidente. 

El compliance digital busca precisamente identificar estos puntos de exposición y establecer controles antes de que se materialicen en un incumplimiento contractual, una vulneración de derechos de terceros o una contingencia regulatoria. 

Qué implica implementar el compliance digital en las empresas 

El objetivo no debería limitarse a restringir el uso de nuevas herramientas, sino a establecer reglas que permitan utilizarlas de manera segura y acorde con las obligaciones de la organización. 

Para ello, el primer paso es identificar qué riesgos jurídicos acompañan a los procesos digitales de la empresa. Esto requiere analizar no solo qué herramientas se utilizan, sino también qué información circula a través de ellas, quiénes tienen acceso, qué terceros intervienen y qué obligaciones legales o contractuales pueden verse comprometidas. 

A partir de ese análisis pueden establecerse políticas y procedimientos proporcionales a los riesgos identificados. No todas las herramientas requieren el mismo nivel de control: una plataforma que procesa información confidencial de clientes o documentación estratégica de la compañía presenta riesgos distintos a los de una herramienta que solo maneja información pública. Igualar el tratamiento de ambas es tan ineficiente como no controlar ninguna. 

El uso de inteligencia artificial merece una atención particular. Su incorporación puede aportar importantes beneficios, pero también plantea cuestiones jurídicas que deberían ser analizadas antes de su utilización. Entre ellas se encuentran el tratamiento de información confidencial y datos personales, la titularidad y utilización de los contenidos incorporados o generados por estas herramientas, los eventuales derechos de terceros y la responsabilidad derivada de decisiones adoptadas sobre la base de resultados producidos mediante sistemas de IA. 

En este ámbito, las políticas internas cumplen una función importante, pero no deberían convertirse en el único mecanismo de control. Resulta igualmente necesario definir procesos de autorización, establecer categorías de información que no pueden ser incorporadas a determinadas herramientas y revisar las condiciones contractuales de las soluciones utilizadas. 

La gestión de proveedores tecnológicos constituye otro aspecto relevante. Antes de contratar un servicio digital no solo deberían evaluarse sus funcionalidades y costos, sino también las condiciones jurídicas de la contratación: las obligaciones de confidencialidad, el tratamiento y eventual transferencia de información, los derechos sobre los contenidos almacenados o generados, los niveles de servicio, las reglas de subcontratación, las obligaciones ante incidentes de seguridad y el régimen de responsabilidad aplicable. 

En definitiva, tercerizar una solución tecnológica no supone trasladar automáticamente los riesgos asociados a ella. La empresa debe conocer qué obligaciones conserva y cuáles asume el proveedor, especialmente cuando el servicio involucra información propia o de terceros. Esa distinción suele definir, ante un incidente, quién responde y con qué alcance. 

La protección de datos como parte del compliance digital 

La reciente Ley N.º 7593/2025 de Protección de Datos Personales incorpora una nueva dimensión a este análisis. Como fue señalado anteriormente en la publicación de “Ley de Protección de Datos: Qué deben hacer las empresas en Paraguay para adecuarse”, la norma introduce un régimen general para el tratamiento de datos personales en Paraguay y obligará a las empresas a revisar distintos aspectos de su gestión interna. 

Sin embargo, la protección de datos constituye solo una parte del compliance digital. 

La entrada en vigencia de este nuevo marco normativo hace más evidente una realidad que trasciende la protección de datos: las decisiones tecnológicas tienen consecuencias jurídicas. La contratación de una plataforma, la habilitación de un acceso, el almacenamiento de información en servidores externos o la incorporación de una herramienta de inteligencia artificial pueden involucrar simultáneamente cuestiones de privacidad, confidencialidad, propiedad intelectual y responsabilidad contractual. 

Por ello, una empresa podría contar con políticas de privacidad adecuadas y, aun así, mantener puntos de exposición relevantes si no existen controles sobre la forma en que se contratan y utilizan sus herramientas digitales. 

Por eso, la respuesta no debería limitarse a crear nuevas políticas. El verdadero desafío consiste en integrar los controles jurídicos y de compliance a la forma en que la organización adopta y utiliza tecnología. 

Un desafío que requiere coordinación entre áreas 

El compliance digital tampoco debería ser entendido como una responsabilidad exclusiva del área de tecnología. La naturaleza de los riesgos involucrados exige una coordinación entre las distintas áreas que participan en la toma de decisiones. 

Tecnología tendrá un rol fundamental en la evaluación de seguridad y en la implementación de controles técnicos, mientras que Legal deberá analizar las implicancias regulatorias y contractuales de las soluciones adoptadas. Compliance, por su parte, deberá incorporar estos riesgos dentro de los mecanismos de prevención y control de la organización. La participación de otras áreas dependerá del proceso y de la información involucrada. 

Esta coordinación resulta especialmente importante en la etapa previa a la adopción de una nueva herramienta. Incorporar la revisión jurídica cuando el servicio ya fue contratado, o cuando la información ya está siendo procesada, reduce considerablemente la capacidad de prevenir riesgos y negociar condiciones adecuadas. 

La digitalización continuará generando nuevas formas de trabajar y, con ellas, nuevos riesgos. La respuesta jurídica no puede limitarse a intervenir cuando se produce un incidente. El desafío consiste en acompañar la transformación tecnológica desde el diseño de los procesos, identificando anticipadamente qué obligaciones pueden verse comprometidas y estableciendo controles acordes con el nivel de riesgo. 

En ese contexto, el compliance digital en las empresas no debería entenderse como una nueva capa de burocracia, sino como una extensión natural de los mecanismos de prevención y gestión de riesgos frente a una realidad en la que cada vez más decisiones comerciales y operativas dependen de herramientas tecnológicas. Las empresas que incorporen esta mirada jurídica desde el diseño de sus procesos, y no como reacción ante un incidente, estarán mejor preparadas para capturar los beneficios de la transformación digital sin heredar sus riesgos. 

Preguntas frecuentes sobre compliance digital en las empresas 

¿Qué es el compliance digital en las empresas? 
Es la incorporación de una mirada jurídica estratégica sobre cómo se selecciona, contrata y utiliza la tecnología dentro de una organización, más allá de la ciberseguridad y la protección de datos personales. 

¿Cuáles son los principales riesgos del compliance digital en las empresas? 
Surgen principalmente de prácticas cotidianas: envío de documentación desde cuentas personales, uso de herramientas de inteligencia artificial sin control, aceptación de términos y condiciones sin revisión previa, y ausencia de controles sobre accesos y credenciales. 

¿Por qué la inteligencia artificial merece atención especial en el compliance digital en las empresas? 
Porque su uso plantea cuestiones jurídicas específicas, como el tratamiento de información confidencial y datos personales, la titularidad de los contenidos generados y la responsabilidad derivada de decisiones basadas en sus resultados. 

¿Qué relación existe entre la protección de datos y el compliance digital en las empresas? 
La protección de datos personales, especialmente tras la Ley N.º 7593/2025, es solo una parte del compliance digital: una empresa puede tener políticas de privacidad adecuadas y aun así mantener otros puntos de exposición jurídica. 

¿Qué áreas deben involucrarse en el compliance digital en las empresas? 
Tecnología, Legal y Compliance deben coordinarse, cada una desde su rol específico, idealmente desde antes de adoptar una nueva herramienta. .

Ruth Schneiderman Cabral